Un rato inolvidable en Casa Martín 1920. Grazalema.

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En Casa Martín 1920 de Grazalema, hemos pasado uno de los mejores ratos de nuestra vida de blogueras. Son esas cosas que salen por casualidad, que la vida te regala sin esperarlo y que quedan en el recuerdo –  la nube de nuestra vida-  para contar y rememorar.

Amanecimos en Grazalema. Desde nuestra ventana del Hotel casa de la Villa donde pasamos la noche se veía toda la sierra limpia y clara, como acabada de levantar. Bajamos a desayunar con un subidón.

Ya  con las maletas recogidas y en consigna nos encontramos con la otra mitad del grupo María Luisa, Isabel y Lola.

A Encarna, que cumplía años, se le ocurrió celebrarlo con un vermut y sin dudarlo M Luisa propuso Casa Martín de apellido 1920 porque de ese año data la apertura del local por los abuelos de Sergio Nieto Menacho: Martín Menacho e Isabelita Organvidez.

Sergio, ingeniero agrícola de profesión iba para agricultor, pero por esas sorpresas que la vida nos tiene reservadas, se hizo cargo del negocio familiar, el mismo local que su abuelo abrió en la década de los 20 “Casa Perico” que ha reformado respetando y conservando su antigua esencia.

Un local luminoso, con un pequeño patio al fondo de  aires modernos y detalles de antaño.

Dos risueñas cabras nos miraban desde las paredes, en las mesas detalles de cerámica y en las estanterías de madera natural una muestra de los productos de la zona de los que Sergio es un enamorado: quesos, aceites, conservas, embutidos…. que no duda en ofrecer a sus clientes acompañados de buen vino y una acogedora sonrisa.

El local, a esa temprana hora, estaba vacío.  Un señor con una guitarra, en la barra, desgranaba unas notas sin arrancar el cante. Y por arte de magia se creo el duende, no sabemos si por las risas y el buen ambiente de nuestro grupo o porque este señor- Fali Pastrana- tenía ganas de cantar esa mañana. Da igual.

Entre vermut y cervezas, tangos, colombianas y antiguas letras de carnaval que cantamos a coro,  se nos pasó feliz  la mañana. Dos o tres casas mas allá, las cosas de Grazalema, nos esperaban en Cádiz El Chico para almorzar. Pero esa es ya otra historia.

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