El Nicanor. Una bodega rescatada.

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Cádiz fue siempre lugar de baches, tabernas, tiendas, bujios, colmaos, tabernas… nombres todos que designan una misma realidad: tiendas donde se vendía vino, coñac y aguardiente. Despachos de vino fino de Jerez, Chiclana o el Puerto, manzanilla de Sanlucar y  tinto de Valdepeñas. Estos establecimientos aparecen en todas las localidades de la Bahía:  guichis en San Fernando o  tabancos de Jeréz situados sobre todo en las inmediaciones del puerto, barrios  de pescadores  y en las zonas  mas populares y concretamente en Cádiz en los barrios de Santa María y La Viña y en las ventas que jalonaban el camino del arrecife junto a la playa de Santa Mª del Mar.

BARRAS DE MADERA, VINO DE CANILLA Y RESERVADOS

Su estética era muy similar. Una larga barra de madera, muchas veces traída como lastre en los barcos de ultramar y gastada por el paso de miles de “cañas” de  manzanilla o “campanas” de  oloroso y fino, vinos que eran almacenados en varias andanas de toneles tras la barra en la que se servía el vino  a palo seco, sin tapa salvo algunas huérfanas aceitunas.

El vino se servía directamente de la canilla a los vasos o a las botellas que algunas mujeres compraban por la “tienda” que habitualmente completaba estos establecimientos ya que el local solía estar lleno de “mollatosos”  como suele llamarse en nuestra ciudad a los amantes del vino.

Completaba su decoración fotos de cantaores flamencos, toreros y carteles de toro pues muchos de estos locales servían de lugar de reunión para los aficionados de ambas artes teniendo la mayoría de ellos un “reservado” para reuniones, juergas u otros encuentros menos confesables.

“EL NICANOR” UNA BODEGA CENTENARIA

De los cerca de 150 establecimientos que había en  el siglo XIX apenas han quedado unos cuantos, La Taberna de la Manzanilla, La Sorpresa aun abiertos a públicos y otros como el Nicanor de los que solo quedaba el antiguo rótulo en la deteriorada pared del edificio hasta que un bisnieto quiso rendir honores a su bisabuelo y  –  conservando la esencia-  remodeló el local con una estética mas acorde con el nuevo siglo.

Y es que si hubo un despacho de vinos cuya fama ha llegado a nuestros días este ha sido El Nicanor en la calle Rosario nº 8. Un pequeño trocito de la memoria gastronómica de Cádiz,  un bache con mas de  200 años  situado en la doceañista  Plazuela de las Nieves.

Hay quien habla de un religioso de la cercana capilla de la Santa Cueva que utilizaba el local para sus trapicheos  políticos o sus escarceos amorosos: rumores de mediados del XIX. Pero cierto o no su origen se sitúa hacia 1860. El Nicanor es un bache centenario y con leyenda propia.

“EL NICANOR ” UNA BODEGA RESCATADA

Después de varios dueños en  1944 Francisco Garrido García, un antiguo empleado con los ahorros de toda una vida se hizo con el local  y  ahora su bisnieto lo ha renovado. Una estética nueva que conserva la esencia de la antigua bodega: vinos de la centenaria bodega Cesar Florido, tapas de chacinas y conservas sobre la barra – ahora barnizada- del mostrador y un enorme mural recordando los tiempos pasados “Nicanor Antigua bodega. Desde 1944”

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