El ajuar doméstico de las cocinas antiguas: alfarería y cerámica

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Imaginaros un tiempo en el que no existía el aluminio, ni el acero inoxidable y el plástico no se había inventado; que el vidrio era soplado y no refractario (nada de pirex), que no había frigorífico sino fresqueras, ni batidoras ni thermomix ,con el dornillo y el mortero se apañaban; ni calefacción, solo braseros y en la mayoría de los hogares ni agua corriente. Imposible trasladarnos a aquella época, no sabríamos ni freír un huevo. Pues así vivieron nuestras abuelas y en esas cocinas se inventaron la mayoría de las recetas populares.

La cerámica jugaba un papel fundamental dentro de los utensilios de cocina.

Desde que el hombre, hace aproximadamente unos 10.000 años, aprendió a producir alimentos sembrando plantas  y criando animales, necesitó recipientes  para poder almacenarlos, transportarlos y cocinarlos. El barro cocido significó la solución de este grupo de necesidades y desde entonces los recipientes de cerámica se han fabricado sin interrupción hasta nuestros días apareciendo talleres artesanales con formas y motivos decorativos propios, según la zona geográfica y las características estéticas de cada época histórica.

Pucheros, ollas, tinajas, escudillas o botijos se siguen fabricando en la actualidad solo con fines decorativos, ya que han sido sustituidos por otros materiales menos frágiles y adaptados a las necesidades de la cocina actual.

Veamos el ajuar que se empleaba en las cocinas andaluzas de hace cien años. Para almacenaje y consumo diario de los alimentos se contaba con tres tipos de recipientes: los de lata, los de vidrio y los de cerámica. Los objetos de cobre tenían usos muy reducidos y específicos: calderos para calentar agua, o para hacer manteca durante la matanza, cucharones para remover el café,  chocolateras, etc. El aluminio era casi desconocido en el menaje doméstico y el plástico no se había inventado todavía. Los objetos de lata, resistentes al fuego, se deterioraban con facilidad por la oxidación, oxidación que era aun mas peligrosa cuando se trataba del cobre ya que en contacto con los alimentos que pudieran almacenarse en el, produce el temible “cardenillo”, sustancia tóxica mortal.

Por su parte el vidrio de comienzos de siglo para usos domésticos no resiste el fuego y es además caro y muy frágil. En las clases pobres beber agua en vaso de cristal se consideraba un lujo de ricos.

La cerámica jugaba por tanto, un papel fundamental dentro de los utensilios de cocina. Es resistente al fuego, se puede eliminar su porosidad vidriándola por dentro, por fuera o por ambos lados; su variedad de formas y tamaños no puede ser igualada por ningún otro material y por añadidura puede embellecerse decorándola con una multitud de procedimientos.

Alfarería y cerámica

La palabra cerámica procede del griego “keramicos” sustancia quemada y  dentro de ella distinguimos entre barro cocido esmaltado o no (alfarería), la loza (es la cerámica propiamente dicha) que utiliza varias cocciones y esmaltes  y la porcelana, cada una con materiales y técnicas diferentes.

La cerámica popular andaluza es muy rica tanto por el numero de alfares,  la variedad de sus formas, la riqueza de los motivos ornamentales y las técnicas que se utilizan. Sin embargo podemos decir que toda ella es heredera de las técnicas, formas y decoración andalusíes.

La influencia árabe es evidente en las técnicas: todavía perdura en algunos alfares de Sevilla, Córdoba y Almería el torno árabe hundido en el suelo.

Las formas de muchos cacharros reproducen las formas árabes y mudéjares, por ejemplo el cántaro de agua de Lebrija.

Los colores mantienen la influencia musulmana con preferencia por el blanco, azul o cobalto y los colores metálicos. Sírvanos como ejemplo la preciosa cerámica de Fajalauza de Granada.

Piezas de almacenaje de líquidos y alimentos

Como utensilios de almacenaje de grano y aceite se disponía de grandes tinajas como las que se han seguido fabricando hasta hace poco en Cortergana (Huelva) y varias localidades andaluzas. En ellas se guardaba el agua, el pan, se aliñaban las aceitunas para todo el año como las orzas vidriadas de Bailén (Jaén) o Trigueros (Huelva). Para contener miel se usaban pucheros y tarros como los producidos por los alfares de Guadix (Granada), para el aceite se fabrican aceiteras (olieras) como las de Fajalauza (Granada).

La alfarería para agua tuvo también una extraordinaria difusión: lo famosos cantaros de Lebrija (Sevilla), los botijos de Albox (Almería) o de La Rambla (Córdoba) son buena prueba de ello.

 

.Piezas de agua: botijos, botijotes y botijas, barriles, jarras de agua, cantaros, lebrillos, tinajas….

Piezas de agua: botijos, botijotes y botijas, barriles, jarras de agua, cantaros, lebrillos, tinajas….

 

Piezas para contener líquidos aceite, vino o vinagre : filtros de tinaja, azumbres, alcuzas, porrones y jarras de aguardiente o vino y vinagre. …

Piezas para contener líquidos aceite, vino o vinagre : filtros de tinaja, azumbres, alcuzas, porrones y jarras de aguardiente o vino y vinagre. …

 

Piezas de almacenaje, ( cocina y despensa); orzas, queseras, tinajas para aceitunas, orzas pequeñas para miel..

Piezas de almacenaje, ( cocina y despensa); orzas, queseras, tinajas para aceitunas, orzas pequeñas para miel..

Piezas de fuego

De los recipientes para fuego quedan numerosos ejemplares, algunos muy curiosos como la olla económica de Nerva (Huelva) y los pucheros de asas laterales fabricados en toda Andalucía. Son también de fuego las castañeras o tostadoras que, como su nombre indica, servían para asar las castañas directamente sobre las brasas, las cazuelas y los anafres.

Especial interés tienen las piezas para el alumbrado como candiles y palmatorias.

Piezas para el servicio y la preparación de alimentos

El barro y la cerámica eran los únicos materiales utilizados para cocinar y servir los alimentos : cazuelas de diferentes tamaños, ollas y pucheros, especieros, platos hondos y llanos,  soperas, lebrillos de amasar, dornillos, morteros, cafeteras, platos, fuentes, cuencos y tazas se guardaban en armarios o alacenas formándo parte del ajuar de cocina y servicio.

 

Piezas de adorno y decoración

La cultura popular andaluza tiene un fuerte componente estético , una honda preocupación por la belleza. Incluso los hogares más humildes presumen de su blancura de cal, su limpieza y sus patios llenos de flores .

Asi que no debe extrañarnos que la cerámica tenga una gran variedad de objetos destinados a decorar y embellecer las casa: macetas, macetas de pared y platos de maceteros, jarras grotescas, botijo de gallo, jarras de estudiante, fuentes decorativas y platos de colgar.

Piezas destinadas al cuidado de los animales, la higiene o el divertimiento

A estas piezas de la cerámica popular almacenadas en la cocina o despensa hay que añadirle las que servían para cuidar a los animales: madrigueras para conejos, colmenas, criaderos de palomas, bebederos y comederos; las que se utilizaban para la higiene como bacinas, retretes, orinales y  escupideras  y las que se hacían por puro divertimento o como juguetes para los pequeños como zambombas, pitos, huchas o alcancias, ajuar de juguetes.

 

 

Los artesanos son parte importante de un saber que históricamente hemos ido acumulando

Si comparamos este amplio repertorio de utensilios cerámicos que encontramos ene las casa andaluzas de comienzos del siglo XX con los hoy se utilizan, encontramos un panorama muy distinto. El frigorífico ha venido a sustituir al conjunto de recipientes en los que se almacenaban alimentos líquidos o sólidos, las fresqueras; la generalización de la porcelana de alma metálica y del aluminio, a los usados para el fuego; el vidrio a molde (antes era soplado en su mayor parte) se hace mas resistente y es mas asequible para las economías modestas; por ultimo la fabricación en serie de la loza de mesa, en materiales muy resistentes y baratos, acaba por dar el descabello a la cerámica. Para remate el plástico termina con toda la latonería domestica (cubos, cantaros de aceite,…) en menos de un decenio.
En las cocinas andaluzas solo quedan pequeños vestigios de la importancia que tuvo en el pasado el barro cocido como el botijo achatado para la nevera,.
De pronto, en menos de un siglo, la inmensa cantidad de conocimientos que habían ido acumulándose durante casi 10.000 años para dotar las casas de utensilios variados, quedan sin función, y lo que es mas grave, los hombres que poseen estos conocimientos, sin trabajo.
En este punto se plantea el gran dilema: ¿Estos conocimientos que poseen los lateros y latoneros, los alfareros, andaluces han de ser arrumbados? ¿No hay mas remedio que olvidar los procedimientos que durante miles de años han dado la solución a nuestras necesidades vitales? Planteada así la cuestión se ve con claridad que la desaparición de las artesanías no solo es un problema individual de los artesanos, sino un problema general de nuestra sociedad industrializada. Los artesanos son parte importante de un saber que históricamente hemos ido acumulando los andaluces, son documentos vivos personificados en individuos que saben transformar con sus manos las materias primas mas variadas.

Imágenes

Museo de Artes Populares de Sevilla

Museo de Raíces Conileñas

Internet

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